Causalidad

Con el paso de los años he llegado a la conclusión, muy propia, de que el devenir de los acontecimientos nunca es casual. Las vivencias por las que pasamos, las personas que conocemos, con quienes quizás solo intercambiemos una breve conversación en un corto espacio de tiempo, o tal vez puede que nos acompañen durante años…, nada es meramente circunstancial.

Me gusta imaginar la vida como un tren de largo recorrido. Uno no se apea, sino que son los demás quienes suben. Hay quienes pasarán a tu lado sin percatarse, quienes incluso se sentarán frente a ti y no llegarán a mirarte. Pero otras personas te buscarán sin siquiera saberlo. Y tú sabrás reconocerlas, porque en el fondo, las buscas de la misma manera. Y ahí es donde empieza la vivencia, hasta que llegue la estación que os separe, de tener que llegar.

Somos los compañeros de viaje de otros viajeros. Unas veces elegimos seguir o no junto a ellos,  otras veces serán ellos quienes tomen la decisión, pero lo cierto es que no tenemos el control sobre ese primer encuentro. Cuando nos preguntamos cómo alguien ha llegado a nuestra vida, el por qué de ese momento en el que ambos decidimos iniciar el viaje, nos damos cuenta de que la casualidad es demasiado simplista para ser respuesta.

Y es que nadie llama a tu puerta por casualidad. Aquel que te acompañe, te aportará algo importante en tu camino, como también le aportarás tú. Son lecciones de vida, retos por superar, notas a pie de nuestras páginas, que no siempre se leen. Esas personas estarán junto a nosotros (y nosotros junto a ellas) mientras así deba ser. Mientras su “labor” no haya terminado, incluso, tal vez, habiéndose tenido que marchar sin darla por terminada, vendrán otras a ayudarnos a cerrar el capítulo que se deba cerrar.

Hay quienes marchan antes de lo que hubiéramos deseado, hay quienes cuya estancia se alarga más de lo que debiera. Incluso a veces lloramos y lloraremos amargamente una despedida que no lograremos comprender, hasta que llegue el momento de ver y agradecer. Pero todo eso, a menudo sin siquiera saberlo, lo decidimos nosotros, en cada estación, con cada decisión, tratando de convencernos de que, llegada la hora, sabremos asumir las consecuencias de nuestros actos.

Porque al mismo tiempo que viajamos acompañados en un tren sin destino marcado, somos también el maquinista, el propio conductor.

ComparteShare on FacebookShare on Google+Tweet about this on Twitter

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Connect with Facebook