Siguiente parada

A lo largo de nuestro camino, encontramos (y nos encuentran) personas que compartirán con nostros parte del trayecto.  Cada una de ellas viene a nuestras vidas a aportarnos algo, de la misma manera que nosotros dejaremos una huella imborrable en sus vidas.

“¿Por qué se van? ¿Por qué se alejan de nuestro camino, en ocasiones para no volver?”

No sólo son ellas quienes entran y llegado el momento, salen de nuestras vidas, sino también nosotros. Y ellas, sin duda, también se preguntan lo mismo, ante nuestra partida.

Marchamos cuando no nos queda nada más que aportarles. Así pues, ellas salen de nuestro entorno por el mismo motivo.

Lo complicado es ver aquello que nos han aportado. En ocasiones no logramos entender su cometido hasta pasado mucho tiempo, nos turbamos preguntándonos una y otra vez el motivo de su ausencia, en ocasiones gradual, otras veces, de golpe, de la noche a la mañana, incluso sin un adiós.

¿Por qué?  Eterna pregunta que, sinceramente, cada vez me hago menos. Hay cosas que no necesitan un motivo concreto.

Una de las preguntas más curiosas que me viene a la mente al hacer esta reflexión, es sin lugar a dudas ésta: “¿a qué vienen las personas que nos han hecho daño? ¿Acaso las necesitaba en mi vida? ¿Tengo pinta de sufridor nato? ¿Es posible que me hayan aportado algo más que quebrantos y decepciones? ¿En verdad era necesaria su visita?”.

En efecto, lo era.

Lo mejor que nos aportan aquellos que nos hacen padecer es aprender a afrontar algo. “¿y qué necesito afrontar?” Tal vez se trate de algo que camina con nosotros desde nuestra niñez, sin ser apenas visto, un fantasma, la piedra en la que tropezamos una y otra vez, una herida que no ha sanado…

En verdad somos afortunados si logramos entender los motivos por los que alguien llega a nuestra vida, la inunda de experiencias y luego marcha, o nos deja marchar.  No creo en la casualidad, sino en la causalidad. Creo rotundamente que no nos encontramos al azar.

Es duro aceptar la partida de alguien que no queremos que marche. Si nuestros caminos se han de separar, así será, más tarde o más temprano, pero al final, cuando todo se haya intentado, cuando no quede nada por aprender, llegará la despedida.  Tal vez porque hay cosas que no tiene sentido intentar.

La vida es un viaje con infinidad de paradas. Pasarás buena parte de ella diciendo adiós. No dejes que eso te impida disfrutar plenamente del trayecto, de todos los momentos en los que dirás “hola”.

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