Todo cambia…

De camino a casa, conduciendo, de nuevo me percaté de lo rápido que pasa el tiempo, observación que todos hacemos a menudo, aunque si bien es cierto que no es ninguna novedad, cada persona que piensa en ello, lo hace por un motivo concreto. Siempre hay algo que nos lleva a recordar la inevitable línea del tiempo: ver a un amigo de la infancia, volver a un lugar de antaño, recordar momentos conversando…

Y la realidad no es otra sino la de ver que hemos cambiado. Y si cambiamos, nuestras circunstancias cambian. Y con ellas, nuestras expectativas.

Sí, hay cosas que nunca cambian. No, no todo es estático. Siempre he pensado que si algo esencial cambia, no será por mucho tiempo (y me viene a la mente esa olla exprés que todos hemos mirado alguna vez, no sin cierta inquietud por el hecho de que pueda estallar).

¿Si cambio, cambiará lo que me rodea? Sí. Aunque no me creas, aunque creas no haberlo experimentado, incluso pienses todo lo contrario, sí. Cambia. No es un paso de blanco a negro, de negro a blanco. No es un giro de 360 grados. Pero es un cambio, y la mayoría de las veces, no lo verás en el momento. Lo verás días, semanas, meses, años después (será por eso aquello de “el principio del cambio”? Será). Incluso puede que no llegues a verlo, pero eso no significa que no se dé.

¿Si algo cambia previo a que yo decida cambiar? Si eso sucede, deberás manejar el cambio, jugar las cartas como te han venido. Hay sucesos que escapan a nuestra decisión, pero permiten un control posterior, cuando los tenemos delante.

No creo que podamos elegir y controlar el devenir de los acontecimientos, sencillamente porque no estamos solos, y no todos pensamos, evocamos ni deseamos lo mismo. Pero sí estoy convencida de que podemos y debemos saber manejar lo que nos llega, aunque no lo hayamos pedido. ¿Difícil? Depende. ¿Es difícil enfrentarse a la muerte de un ser querido? Mucho. ¿Es difícil evitar el caos que precede a una fuerte discusión? Lo es, en ocasiones la dificultad es moderada-alta. ¿Es difícil decir una verdad que inevitablemente hará daño, pero es necesaria? Sin duda.

Y demos gracias, en parte, a que sea difícil, eso nos hace seres de carne y hueso, humanos, al fin y al cabo.

Ante los grandes cambios, perder el control y no hallarlo son cosas bien distintas. Perderlo te indica que una vez lo tuviste y fuiste capaz de mantenerlo. Si pudiste una vez, podrás de nuevo. No hallarlo es, a mi entender, más peligroso. Pero no creo que no exista, es indicativo de encontrarse más perdido. Son los casos que merecen, tal vez, más atención.

Me he perdido muchas veces. Unas por poco tiempo, otras, me han llevado a pasar mucho miedo. Habrá veces que las cartas sean pésimas. Seguramente perderás esa mano. Pero renunciar a las que te repartan mañana será negarte a poder manejarlas y sacar algo bueno de ese cambio.

Alguien me dijo una vez que la muerte camina detrás nuestro, desde siempre, a cierta distancia, sin interrumpir nuestro viaje, en silencio, viendo cómo afrontamos los cambios, sin tomar parte en nuestras decisiones; que un día, se pondrá delante y ese día, sencillamente, no quedará nada que decidir, no habrá nada que cambiar, porque “se nos acabó el tiempo”.

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